jueves, 7 de marzo de 2013

La Edad Media, historia de una época


Durante mucho tiempo, cuando se ha hablado de la Edad Media, nos hemos imaginado una época donde existían  guerras interminables o epidemias. Y aunque la Edad Media no fue una etapa fácil, no por ello debemos pensar que subsistió como un período de la historia inculto y primitivo.

Voy a intentar hacer un recorrido por las curiosidades principales de esta época. Aquellas que nos enseñaron en el colegio pero sin complicaciones de fechas ni datos técnicos.

La Edad Media, historia de una época


¿Cuándo comienza la Edad Media? Los historiadores nunca se han puesto de acuerdo. Normalmente, admiten que empieza con la caída del Imperio Romano en el siglo V y que finaliza con la desaparición de Constantinopla en el siglo XV o el descubrimiento de América.


La Edad Media, historia de una época


Durante esta época  la mayoría de la población vivía en el campo. Las ciudades estaban muy poco pobladas.

Con las guerras, la malnutrición, la falta de higiene y de medicinas, el hombre a los cincuenta años ya era muy viejo. Las mujeres morían mucho antes, normalmente, cuando daban a luz. Y una cuarta parte de los niños fallecían antes de llegar a los cinco años.

La sociedad estaba organizada en forma de pirámide. Arriba, en la cúspide, se hallaba el rey, seguido por el clero y la nobleza; luego los guerreros y por último, los campesinos que formaban entre el 80 y el 90 por ciento de la población.


La Edad Media, historia de una época


Los campesinos eran quienes alimentaban a todos los demás. Los artesanos y comerciantes vivían en las ciudades y el clero intentaba mantener el orden en una sociedad, casi siempre, violenta.

Todos sabemos que la Edad Media fue una época bastante impetuosa y diezmó poblaciones enteras. Las fronteras de los territorios se formaban y se deshacían continuamente por culpa de las guerras…Siempre por capricho de unos pocos.

Y los que quedaban vivos no les tocaba más que intentar subsistir ante las epidemias de la peste y el hambre.

El período más duro de esta época discurre entre los siglos XIV y XV cuando la peste y las guerras hacen desaparecer casi poblaciones enteras.

¿Sabes cómo apareció el hambre? La escasa producción agrícola y la dificultad por conservar los alimentos fue su origen. Si no se cosechaba lo suficiente no se podía abastecer a toda la población.

Por otra parte, el mal estado de los caminos por donde transitaban los comerciantes dificultaba el traslado de los alimentos de un lugar a otro.

Así que bastaron tan solo dos años de malas cosechas para que el hambre se adueñara de los más pobres.

Y como un círculo vicioso al haber pocos alimentos estos eran muy caros y las personas más humildes no podían compararlos.

Gran parte de la población más empobrecida moría por comer carne humana.
¿Sabías qué la peste fue introducida en Europa en el año 1.347 por unos marineros italianos que regresaban de Asia?

Lamentablemente ningún país del viejo continente se escapó de esta temible plaga durante la Edad Media y cerca de un tercio de la población murió por causa de ella.

¿Has leído “Un Mundo sin Fin” de K. Follet? ¿Lo recuerdas? Esta novela histórica nos cuenta que  el único remedio médico que existía en aquella época para “combatir” la enfermedad era la sangría por todo el cuerpo… (O los remedios de las “brujas”).

Lógicamente este método debilitaba muchísimo más al enfermo moribundo debido a la pérdida de sangre y a las posteriores infecciones.

Cuando una persona moría por causa de la peste era enterrada en una fosa común alejada de la población. Se solía quemar todas sus pertenencias para intentar evitar la contaminación al resto de seres humanos.

Dejando a un lado la enfermedad, la principal riqueza de la Edad Media se hallaba en la tierra y lo que era capaz de producir.

Además de los alimentos básicos, la caza y la pesca, existían otras materias primas indispensables.

Si observamos cuando visitamos un castillo o un pueblo medieval vamos a conocer enseguida cuales son: la piedra, la madera y el hierro.


La Edad Media, historia de una época


Las construcciones que se realizaban con piedra eran muy valiosas y se consideraban como símbolo de riqueza y de poder. Un material fundamental para construir castillos, catedrales, puentes e iglesias.

Si una familia vivía en una casa de piedra sus miembros pertenecían al estatus más poderoso e influyente de la población.

Otra de las materias primas esenciales era la madera, pero ¿para qué se utilizaba en la Edad Media? Este material era muy abundante en Europa gracias a la existencia de una gran masa forestal.

La madera se utilizaba para la construcción de cabañas, armazones de barcos y la maquinaria para la guerra.

Pero con ella también se realizaban objetos para la vida cotidiana como muebles, utensilios y algo fundamental para la conservación de los alimentos: los toneles.

Por supuesto, también se usaba como leña para calentar el hogar y hornear los alimentos.


La Edad Media, historia de una época


Con la corteza de los árboles se elaboraban cestas y calzado. La resina se utilizaba para alimentar las antorchas.

¿Y el hierro? ¿Se usaba ya en la Edad Media? Este material era todavía muy escaso y por ello, resultaba, muy caro.

Pero gracias a él, el arado fue mucho más fuerte que el de madera; la hoz y la guadaña efectuaban un corte más eficaz y el hacha, las layas y las palas se convirtieron en utensilios insustituibles para los campesinos.

El hierro se transformó en material fundamental para fabricar armamento. ¡Nunca podía faltar a un caballero su buena espada y su lanza mortífera!


La Edad Media, historia de una época


Por otra parte, nos podemos imaginar que la agricultura era el motor económico de la Edad Media. Aunque debido a la escasez de medios técnicos, la tierra producía muy poco.

Los principales cultivos eran la cebada, la avena y las legumbres. Aunque los pobres campesinos trabajaban de sol a sol, los resultados eran muy escasos porque, además, dependían mucho de la climatología del lugar.

Los útiles agrícolas estaban muy poco perfeccionados. Imagínate que utilizaban los mismos que habían inventado los griegos y los romanos.

Para que te hagas una idea: no conseguían romper los terrones de la tierra con estas herramientas si no que los tenían que destrozar con la mano…

Además no existían los abonos. No sabían cómo enriquecer la tierra, por lo que ésta, se hallaba extremadamente empobrecida.

Únicamente los campesinos más avispados utilizaban las propias hojas caídas de los frutales para alimentar el subsuelo gracias a su descomposición.

La tierra estaba muy mal trabajada y se agotaba enseguida. Averiguaron que para dejarla descansar debían sembrar un año de cada dos. ¿Recuerdas el sistema de barbecho?

Pero pasado cierto tiempo utilizando esta estrategia como la tierra no era abonada y cada vez producía menos los campesinos optaron por dejarla en reposo dos de cada tres.

Por ello, la utilización del hierro como material para los utensilios del campo fue la clave para que la tierra comenzara de nuevo a producir suficientes alimentos. Las cosechas aumentaron y por lo tanto, la demanda también.


La Edad Media, historia de una época


Y no solamente se cultivaba para alimentar la población si no que se utilizaba parte de los campos para dar de comer a los animales de las granjas; cultivar productos de huerta y plantas específicas para la utilización del lino y los tintes.

Abandonamos el campo y nos vamos a la ciudad.

Vamos a conocer la vida de un artesano y un comerciante durante la Edad Media.

Los artesanos eran los que se encargaban de transformar la materia prima en utensilios con multitud de utilidades. Eran trabajadores especializados: pergaminero, orfebre, carpintero, hornero, candelero, vidriero, tripero, herrero…

Los artesanos trabajaban agrupados por gremios. Cada oficio tenía su taller donde aprendían la profesión. Cada escuela tenía su propio maestro.

El rango más bajo de los artesanos era el aprendiz. La formación de este joven podía tardar años en completarse en función de su valía y conocimientos.

Cuando se consideraba que había finalizado su enseñanza la prueba final consistía en realizar una “obra maestra”. Si los más experimentados la reconocían como tal entonces era admitido en el gremio de artesanos.

Los gremios son los que fijaban los horarios de trabajo, la calidad de los productos y controlaban el aprendizaje de los estudiantes. También tenían capacidad para imponer multas.

Los artesanos que pertenecían a un gremio imprimían con un sello personalizado su obra. Era una forma de controlar el trabajo diario de cada uno de ellos y la calidad de éste.

Por ejemplo, al picapedrero se le pagaba en función del número de piedras que llevaran su sello.

Además de los artesanos, durante la Edad Media, nos encontramos en las ciudades, pequeños vendedores ambulantes, comerciantes viajeros y vendedores de productos considerados de lujo.

¿Quienes eran los vendedores ambulantes de esta época? Las mujeres que vendían leche y que la llevaban en cántaros apoyados en la cabeza; los que vendían pasteles y dulces; los que ofrecían las hierbas medicinales como productos para curaciones milagrosas; los que remendaban los ropajes, los deshollinadores…


La Edad Media, historia de una época


Eran todas las personas que vendían algo pero que no tenían un lugar fijo para hacerlo. Así que, en suelos de tierra, embarrados, junto a excrementos de animales…disponían sus productos para venderlos. ¿Comprarías ahora algo de ellos?

Los comerciantes que vendían productos de lujo eran los que viajaban mucho. Incluso de país en país buscando las oportunidades y las últimas novedades para ofrecerlas a los más adinerados. Se centraban en mercancías como: aceite de oliva, especias y la seda.

Los días de mercado en las ciudades cambiaban la imagen de éstas por completo. Aumentaba la actividad de los habitantes. Los comerciantes vendían y compraban, unos venían y otros iban…


La Edad Media, historia de una época


Los vendedores sí que ponían sus puestos de madera en la calle. Organizaban sus productos para que estuvieran bien a la vista y fueran atractivos para los compradores.

Y para llamar la atención de la población se dedicaban a nombrar sus géneros a base de gritos. ¿Te imaginas a todos chillando a la vez?

Los puestos podían ser de lo más variopintos. Cada uno vendía lo que podía: huevos, calzado, pan, cinturones, espadas, hilos, tejidos de lujo, gallinas, ocas, vacas…

Gracias a estas ferias se comenzó a favorecer el intercambio de las mercancías e, incluso, de las monedas durante la Edad Media.

Resulta curioso saber que a partir del siglo XV una libra equivalía a 20 sueldos; 20 sueldos eran doce denarios; un denario equivalía a doce panes…

Las monedas, durante esta época, solo las controlaban los comerciantes. Existían de oro, plata y cobre.

Los campesinos compraban y vendían a través del trueque.

Y claro, a partir del momento que comienza a circular el dinero… ¿quién dirías que aparece para controlarlo? ¡El usurero!

Este hombre muy avispado y de carácter huraño siempre prestaba dinero a cambio de reembolsar más de los que se había solicitado. Es decir que los usureros crearon algo que todavía seguimos sufriendo en la actualidad: los intereses.

Regresando a la figura del comerciante viajero vamos a seguirle en sus caminos buscando materiales nuevos para poder comprar y luego vender.

Estos viajeros, en un principio, se desplazaban por las calzadas que se habían construido durante la época romana.

Pero como siempre hubo personas que vivían de robar a los demás estos trayectos se fueron convirtiendo en aventuras muy peligrosas si no iban escoltados.

¿Sabías qué a los viajeros y comerciantes se les consideraba malditos y vagabundos? Los únicos comerciantes reconocidos como tales eran aquellos que se atrevían a salir de Europa para conquistar otros comercios.

Pero como puedes imaginar durante la Edad Media una persona que se dedicara a comprar, vender y tener que desplazarse para buscar mercancías nuevas, no podía evitar que la llamaran así.

Sus trayectos de un lugar a otro para poder desarrollar su trabajo estaban llenos de aventuras muy peligrosas.

Los caminos estaban plagados de ladrones dispuestos a obtener suculentos botines simplemente asaltando a los comerciantes. Por eso preferían trasladarse de un sitio a otro en grupos para poder defenderse mejor.

Los viajes que realizaban estos profesionales no tenían nada que ver a como los entendemos hoy en día. En aquella época se viajaba por necesidad económica.

En los caminos nos podríamos haber encontrado con comerciantes, peregrinos, caballeros, campesinos, artesanos, juglares, soldados y monjes.


La Edad Media, historia de una época


Solo las personas más ricas llevaban escolta para defenderse y cuando llegaba el atardecer enseguida se refugiaban en algún castillo o monasterio.

Los viajeros más adinerados solían recorrer los caminos subidos en caballos, mulas o carretas. El resto, lo hacía apoyado en un bastón que les servía de ayuda para caminar y… ¡Cómo arma improvisada si hacía falta!

Ya existían los peajes. Si querían atravesar el dominio de un señor, un puente, entrar en una ciudad o subir en una barca debían pagar un peaje.

A cambio, el señor que recibía este pago debía garantizar la seguridad del viajero… ¡Pero solo durante el día! Por la noche… ¡Ay del qué estuviera solo!

Los peajes más suculentos eran los puentes. Estas construcciones servían de terrenos fronterizos entre un lado del río y otro. Así que, a los señores de la Edad Media, les encantaba mandar construir puentes por todos los caminos más transitados.

Evidentemente, el puente era un paso obligado para todos los comerciantes que quisieran entrar en la ciudad: Quién controla el puente, controla toda la ciudad”.

Con el tiempo, los viajeros descubrieron las ventajas de desplazarse por los ríos. Navegar suponía viajar mucho más rápido, con mayor volumen de mercancías y mucho más protegidos de los bandoleros.

Pero seguro que te estarás preguntando si también existía peaje para subir en barco. ¡Pues sí! Al igual que había que pagar impuesto por atravesar un puente había que hacerlo por pasar debajo de él.


La Edad Media, historia de una época


En los barcos se transportaba, sobre todo, las piedras para construir los castillos y las catedrales. Aunque también solían llevar toneles de vino, sal y aceite.

Los barcos tenían el fondo plano para no encallar en la arena. También disponían de velas para poder remontar las corrientes de los ríos. Y utilizaban un largo palo para controlar siempre la profundidad y evitar quedar encallados.

Hemos repasado juntos las curiosidades más importantes de la Edad Media. Espero que, gracias a ellas, podamos comprender mucho mejor la historia de aquella época cuando visitemos algún lugar que nos transporte en el tiempo.

¡Y sabes qué en España tenemos muchos!

Con el siguiente recorrido “viviremos” en un castillo. Aprenderemos a comprender un poco más nuestra historia.

Si te apetece leer más sobre la Edad Media...



4 comentarios:

  1. Me encantaría que hubiera una máquina del tiempo para poder echar un vistazo a la Edad Media. Sería estupendo poder participar sin intervenir y sin que te sucediera nada.
    Tu entrada me ha hecho acercarme a ella. Gracias Mariam. Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti. A mi también me apasiona esta época. No sé por qué, pero me gusta mucho. Pero coincido contigo que solo para vivirla durante un ratito...
      Gracias, viajera.
      Un saludo :))

      Eliminar
  2. no lo había observado en su momento de la publicación, muy explicativo , muy interesante

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Ricky. No ocurre nada. Ya lo has leído :D
      Buen fin de semana :)

      Eliminar